Sunday, February 12, 2017

Hijos e hijas de Dios, un reflexión en Gálatas 4:6



Un tema central que es necesario para entender el evangelio es nuestra adopción como hijos e hijas de Dios. Nosotros, que estábamos lejos, hemos acercado a Dios y somos parte de Su familia eterna. Es tan fácil olvidar cuán amados somos por Dios en Cristo. Es tan fácil buscar el amor y la aceptación en otro lugar, cuando Dios ya ha demostrado que nos ama tanto a gran precio para sí mismo.

Gálatas 4: 6 dice: “y debido a que somos sus hijos, Dios envió al Espíritu de su Hijo a nuestro corazón, el cual nos impulsa a exclamar ‘Abba, Padre’” "Abba Padre" resume maravillosamente la relación del creyente con su Padre. Padre es un título de respeto y reverencia, y "Abba" es un título de cariño e intimidad como "papi". Dios ha prometido esta relación a todos los que creen en Su Hijo Jesús. Sin embargo, nuestra adopción tenía un gran precio. Jesús, mientras estaba en la cruz, experimentó la separación de su Padre, mientras estaba pagando por nuestros pecados. Sólo en el sacrificio de Cristo podemos llamar a Dios "Abba Padre".

Nuestra adopción en Cristo cambia nuestro estado ante Dios: antes éramos vistos como esclavos del pecado, afuera de la familia de Dios, ahora tenemos todos los privilegios de ser hijos. Dios nos dio la mejor túnica, puso zapatos en nuestros pies y su anillo de sello en nuestros dedos. También declara una gran fiesta para celebrar. No sólo somos perdonados, sino que se nos da una posición en la familia de Dios. En la muerte y resurrección de Jesús, Dios nos ha mostrado Su favor y Su gracia mucho más de lo que podemos imaginar.

Entonces, ¿por qué vamos a buscar el amor en otro lugar: buscando el amor en todos los lugares equivocados? Muchos pensamos que encontraremos ese amor en una relación con gente pecadora como nosotros. Olvidamos cuán profundo es el amor del Padre por nosotros. Nuestro amoroso Padre está siempre buscando prodigar Su gracia sobre Sus amados hijos. Cuando te sientes ansioso, cuando te sientes inadecuado, cuando las tempestades de la vida son tan intensas, corre a los brazos de tu Padre amoroso.

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